COLUMNA PARA EL SOL/ Dra. Nancy Álvarez

¿CUÁNDO SE CONVIRTIÓ MIAMI EN CUBA?

Una gripe muy fuerte en la familia me llevó a recorrer todo Miami, junto a mi esposo, que es médico, en busca de medicinas. Si llamas, te dejan horas esperando. Ya indignados, mi Álvaro y yo fuimos personalmente a dos de las farmacias que no contestaban. Él hizo la fila, bastante larga, y le dijo a la muchacha que eran dos casos que no podían dormir por la tos, con fiebre alta, y una con bronquitis. Le dijo que le iba a dar la medicina, pero debía esperar media hora más. Y yo respondí: ¿cuándo se convirtió Miami en Cuba?

Fuimos a la competencia y nos fue peor. La tos de mi hija seguía y fuimos de nuevo a la que supuestamente nos la entregaría en 30 minutos, el día anterior… pero todavía le faltaba una.

Le pregunté qué estaba pasando, que me dijera la verdad. La noche anterior, la gente se me acercó pidiéndome que dijera algo en “Desiguales”, el programa diario en el que participo en Univisión. Ella me dijo que no había bastantes medicinas, sobre todo las “genéricas”, a las que las farmacéuticas no sacan mucho dinero. En el caso de mi hija sí había, pero el seguro no quería pagarlas. Le pregunté cuánto costaba, y me dijo que 50 dólares. Se los pagué y así pude llevar lo que necesitaba.

A un señor que acababa de salir de una operación en un ojo, le dijeron que fuera al otro día. El médico le había dicho que era urgente, pero la muchacha dio la vuela y se perdió entre los frascos.

¿Qué desorden hay en este país? ¿Qué desgobierno es este? ¿Quién nos defiende? Ya ni el Chapulín Colorado hace nada. El colmo es que los que están más en peligro, por no tener medicinas, son los pacientes diabéticos y de cáncer, entre otros. Dios mío, ¿quién le pone el cascabel al gato? El presidente dice cualquier cosa que nadie cree, pero no resuelve nada… para variar.

En plena época de elecciones, usted oye cosas tan increíbles como que este país está muy bien, pero la gasolina anda por las nubes y nadie nos defiende. Según los demócratas, la economía no puede estar mejor. Será para ellos, porque una casa anda por las nubes y cualquier cuartito no baja de 2.000 dólares mensuales. Los carros subieron una barbaridad, y ni se habla de que nada baje. Solo sube.

Si les hablo del tránsito, solo el caos de Santo Domingo es un poco más malo. Cada día veo cortes de pastelitos en mis narices. La gente pasa en rojo los semáforos y en la I-95 te disparan por cualquier cosa. ¿Y los policías? Bien, gracias.

Cuando critico a este país, mis compañeras de “Desiguales” me dicen que los suyos están peores (México y Venezuela). Y les digo que soy ciudadana americana, y por ende tengo derecho a protestar y el deber de abrir los ojos a la gente que expone su vida para llegar a este “paraíso”. Lo más importante es denunciar la situación, tal como me pide la gente en la calle. El que calla otorga, y se convierte en parte del problema.

Exija calidad de vida, justicia social, esperanza en el futuro y además instituciones que funcionen, dirigentes que hagan su trabajo bien. Por eso emigramos a este país y le hemos ayudado a crecer.

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