Durante décadas, la ética periodística estuvo sustentada en principios relativamente claros: verificar los hechos, mantener independencia frente al poder, separar información de opinión, proteger las fuentes, corregir errores, rechazar regalos comprometedores y evitar conflictos de interés.
El periodismo de hoy se ejerce en un ecosistema distinto al que existía cuando fueron redactados muchos de sus códigos tradicionales. Las redes sociales, las plataformas digitales, los algoritmos, la inteligencia artificial y la transformación del periodista en una marca personal han creado dilemas que antes no existían.
Los antiguos códigos fueron concebidos para redacciones con jerarquías definidas, editores responsables y canales de publicación controlados.

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